Como ocurrió al final del mandato de Manuel Fraga, cuando la Xunta dio luz verde a un aluvión de estaciones eléctricas en los ríos, la amenaza regresa en forma de casi 150 proyectos en distintas fases.

Pese al ruido provocado por la intención del Gobierno de Feijóo de recuperar proyectos que paralizó el bipartito, el grueso de las minicentrales que podrían duplicar el número de las ahora existentes no llega de la parte autonómica, sino de la cuenca hidrográfica Miño-Sil, que gestiona el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino. Sólo en esa parte, la Administración estudia 118 peticiones.

La Xunta ha tratado el asunto de las minicentrales con notables contradicciones. En una comparecencia parlamentaria, la presidenta de Augas de Galicia, Ethel Vázquez, reveló la intención del Gobierno gallego de tramitar las explotaciones que habían sido concedidas antes de la derrota electoral de Fraga, en 2005, que el bipartito nunca tramitó.

En total, 31 aprovechamientos hidroeléctricos, que sumar a los 74 que existen en la Cuenca Hidrográfica Galicia-Costa, la de competencia autonómica. El PP aseguró luego que los proyectos eran sólo 15. Ahora, Ethel Vázquez sostiene que no se tramitará ninguno hasta que Galicia disponga de un Plan Hidrológico específico, lo que no ocurrirá al menos hasta el verano próximo.

Después, se estudiará la situación “con sumo cuidado”, ante la “saturación de los ríos” detectada en los estudios previos. En todo caso, la Xunta reconocerá los derechos concesionales de las últimas minicentrales que permitió el Gobierno de Fraga, lo que aboca a la Administración a autorizar o compensar económicamente.

De modo más silencioso, la otra confederación, la del Miño-Sil, ha concedido en los últimos meses 63 minicentrales eléctricas, a las que hay que sumar otras 55 en tramitación. Todas ellas, en la parte gallega de esta cuenca, donde en la actualidad existen 69 aprovechamientos hidroeléctricos.

Es decir: el número de estaciones podría casi triplicarse. Pero los responsables de la Confederación Hidrográfica Miño-Sil niegan que haya motivos para la alarma. Y como prueba citan la existencia de 163 peticiones denegadas en los últimos años, de un total de 281 presentadas. “La mayoría se desestiman, y los motivos de la denegación suelen ser estrictamente ambientales“, sostiene una portavoz del organismo.

Pese al impacto ecológico de las minicentrales, que afectan de forma muy severa al caudal de los ríos, su proliferación en los primeros años de esta década sólo sirvió para alcanzar el 2% de la producción total de energía. Un informe del Instituto Enerxético de Galicia (Inega) sobre la distribución de la generación eléctrica en la comunidad autónoma en 2002 cifraba la incidencia de estos pequeños aprovechamientos a lo largo de los ríos en un 1,8%, frente al 58% de las grandes centrales térmicas o el 17,8% de la energía hidráulica convencional. La eólica era entonces del 10,6%.

En 2006, un nuevo estudio del Inega elevaba la energía procedente de las minicentrales a 68 ktep o kilotoneladas equivalentes de petróleo (2,7%), una cifra muy pequeña, si se compara con los 401 obtenidos de biomasas y biocombustibles, los 429 del gas natural, los 519 de la eólica o los 600 de las grandes hidráulicas.

Y a distancia sideral de los 6.129 obtenidos del crudo y los 1.049 del carbón. Aunque se trata de una energía renovable, las organizaciones ecologistas vienen advirtiendo desde hace años del daño ambiental que provoca esta renacida fiebre eléctrica, que supone la privatización de ríos, con la entrega de la llave del caudal a empresas privadas. Su construcción supone además la destrucción de caminos y cambios en el lecho del río.

Fuente: elpais.com