El proyecto de investigación de la Escuela Politécnica de Mieres trata de calibrar el combustible que puede aportar una plantación de distintas árboles de la región de Asturias.
El departamento de Ingeniería Agroforestal de la Escuela Politécnica de Mieres es uno de los más activos a la hora de desarrollar proyectos de investigación. En estos momentos en los que se habla tanto de ahorro energético y de la necesidad de buscar nuevas fuentes para generar una energía más limpia, el departamento está desarrollando proyectos que buscan avanzar en los llamados cultivos energéticos.
El proyecto que está desarrollando este grupo de investigación, del que está al frente la subdirectora de la Escuela, Asunción Cámara Obregón, experimenta con plantaciones de especies autóctonas de crecimiento muy rápido, que se cortan en periodos de tiempo que oscilan entre los cinco a diez años y cuyo objetivo principal es la producción de biomasa como combustible, bien en las formas más comunes como pueden ser los habituales pelets o briquetas, o bien, como combustible que se podrían usar en las centrales térmicas, a una escala mucho mayor.
donde la idea es mezclar el carbón con esa biomasa procedente de las plantaciones rápidas en un proceso que se denomina co-combustión y que supone una disminución importante de emisiones de CO2 a la atmósfera respecto a los procesos de combustión convencionales,
explica Cámara. La mezcla habitual de carbón con biomasa suele estar en proporciones del orden de 90 / 10, manteniendo de esta forma al carbón como combustible principal.
Entre estos proyectos ecológicamente sostenibles, la Escuela Politécnica también está desarrollando otros trabajos que, al igual que el anterior, tienen relación directa con el denominado cambio climático. «El objetivo fundamental es la cuantificación de biomasa de masas arboladas de especies como castaño, pino radiata o pinaster eucalipto, haya o roble a cualquier edad a lo largo de su ciclo vital», dice Cámara.
En definitiva, se trata de conocer la producción de biomasa seca en toneladas, hectárea y año de un rodal arbolado. Estos resultados tienen una doble interpretación, por un lado «aportan una información cuantificada sobre el recurso energético disponible». La segunda interpretación permite conocer «cuánto CO2 acumula una masa forestal, puesto que a través de unos factores de transformación sencillos es posible pasar de toneladas de biomasa por hectárea y año a tonelada de CO2 por hectárea y año», asegura Asunción Cámara.
¿Qué quiere decir esto?, que podemos conocer la capacidad de un bosque determinado como sumidero de CO2 y por tanto en qué medida contribuye a la mitigación del cambio climático.
estás ecuaciones nos permiten identificar la edad óptima para que al cortar hayamos maximizado su potencial como productor de madera, como productor de biomasa energética y como sumidero de carbono.
El trabajo de campo para la construcción de estas herramientas es lento y tedioso. «Una vez seleccionada la especie forestal con la que se va a trabajar hay que localizar rodales en todo el territorio regional que representen una situación intermedia de los bosques que suelen formar la especie concreta, normalmente hablamos de masas puras, es decir, de rodales donde más del 80% de los árboles que lo componen son de la especie estudiada», explica Cámara.
En estos momentos hay ecuaciones de este tipo en Asturias para castaño, eucalipto, pino radiata y pino pinaster. Se empieza a trabajar ahora con el haya y «es posible que en algo más de un año tengamos resultados mucho más fiables puesto que en este caso se plantea una muestra mucho mayor». Estos trabajos has sido financiados por la Fundación Asturiana de la Energía (FAEN), con sede en Mieres.
Fuente: lanuevaespaña.es



Publicado el 10 Diciembre, 2009 
